La culpa en la maternidad
La maternidad se caracteriza por su
alta demanda emocional,
esto viene desde el embarazo y nunca para, que muchas veces agota y
otras te hace sentir el ser más vivo y
afortunado del universo. Sin embargo, en esta carga emocional intensa y
confusa hay una constante: La culpa, pues las mujeres
tenemos una innegable tendencia a sentirnos culpables por todo, ya
que sea porque somos muy auto-exigentes o por la presión de la sociedad y
cuando tenemos hijos todo esto se magnifica.
La culpa, es un sentimiento complejo, que muchas veces nos invade y hace que nos sintamos malas madres, ya sea por lo que hacemos o por lo que no hacemos, por lo que creemos, por lo que somos o por lo que queremos ser, por 'no llegar a todo', por sentir que podemos hacer mejor las cosas... Y cuando creemos que ya se fue, vuelven a aparecer nuevas culpas o nuevas cosas por las que nos sentimos culpables y te preguntas ¿Cuándo empezó?, ¿Qué hice mal?, ¿Por qué pasa esto?, ¿Cuándo va a parar? ..., pues llegas a sentir culpa prácticamente por todo y a menudo puede ser irracional e incontrolable. Y lo peor es que asumes que ese sentimiento es normal y te va a acompañar toda la vida. -- Si tu hijo se enferma es porque no lo has abrigado bien, o por lo has arropado mucho, o porque lo has sacado a la calle, siempre encuentras una razón para sentirte culpable -- Sientes que pase lo que pase todo es tu culpa, que si te equivocas o que si hay algo que impide el sano crecimiento de tu hijo, es tu culpa, e inclusive llegas al punto en que te preguntas ¿y el padre, no tiene la culpa de algo?, pero resulta que al padre lo escogiste tú, por lo tanto, también es tu culpa. Es un sentimiento muy tóxico, que está esperando que algo negativo suceda para activarse y se alimenta entre otras cosas de tus miedos y te acompaña en todas tus angustias.
La culpa, es un sentimiento complejo, que muchas veces nos invade y hace que nos sintamos malas madres, ya sea por lo que hacemos o por lo que no hacemos, por lo que creemos, por lo que somos o por lo que queremos ser, por 'no llegar a todo', por sentir que podemos hacer mejor las cosas... Y cuando creemos que ya se fue, vuelven a aparecer nuevas culpas o nuevas cosas por las que nos sentimos culpables y te preguntas ¿Cuándo empezó?, ¿Qué hice mal?, ¿Por qué pasa esto?, ¿Cuándo va a parar? ..., pues llegas a sentir culpa prácticamente por todo y a menudo puede ser irracional e incontrolable. Y lo peor es que asumes que ese sentimiento es normal y te va a acompañar toda la vida. -- Si tu hijo se enferma es porque no lo has abrigado bien, o por lo has arropado mucho, o porque lo has sacado a la calle, siempre encuentras una razón para sentirte culpable -- Sientes que pase lo que pase todo es tu culpa, que si te equivocas o que si hay algo que impide el sano crecimiento de tu hijo, es tu culpa, e inclusive llegas al punto en que te preguntas ¿y el padre, no tiene la culpa de algo?, pero resulta que al padre lo escogiste tú, por lo tanto, también es tu culpa. Es un sentimiento muy tóxico, que está esperando que algo negativo suceda para activarse y se alimenta entre otras cosas de tus miedos y te acompaña en todas tus angustias.
La primera vez que sentí culpa fue cuando
mi bebé se enfermó y me cuestioné por
haberla sacado de la casa y no haberla abrigado mejor, por lo tanto, asumí
que fue mi culpa y es terrible esa angustia que vives, otra culpa
más pesada, la sentí cuando tuve que
regresar al trabajo, sí que fue difícil dejar de sentirme culpable.
Dejar a tu hijo al cuidado de otra persona, por tener la necesidad de regresar al
trabajo, ya sea por motivos económicos o porque como profesionales así lo
deseamos, es una culpa bien pesada, que a veces se agudiza cuando
te das cuenta que te estás perdiendo muchos avances de tu hijo, o cuando tu hijo
se enferma y no puedes estar ahí para cuidarlo o cuando todos los
días tienes que hacer un máximo esfuerzo para llegar temprano a
casa y poder compartir más tiempo con tu
hijo, ya que lamentablemente en muchos países es difícil conciliar la
vida familiar con la laboral por la falta de flexibilidad de las empresas, es
así que la culpa viene a ser una de las principales razones por la que
muchas mujeres renuncian a sus carreras profesionales para ser madres,
pues muchas veces regresar al trabajo significa renunciar a ver crecer a
nuestros hijos, aun así hay una culpa presente en algunas madres por no poder
aportar económicamente.
Las mujeres sentimos la necesidad
de crecer tanto en nuestra vida personal, familiar y
profesional, aunque muchas veces seamos un mar de dudas y de
sentimientos de culpa, ese deseo por avanzar siempre está presente, así
suene 'egoísta' o un poco a "mala madre", todas tenemos el
derecho a buscar nuestro equilibrio y darnos tiempo para nosotras como
mujeres y profesionales, aunque duela, tenemos que avanzar y
mostrar a nuestros hijos que si podemos y que su madre nunca se dio por
vencida.
La culpa tiene la capacidad de limitarte, te coloca en una realidad de
'sufrimiento', de victimario y falta de control, te aleja de tu ser esencial y
te impide tener una verdadera conexión con tu hijo, ya que hace
que estés pendiente del pasado, del DEBERÍA, la culpa exige
arrepentimiento y quizás penitencia que difícilmente te puedes perdonar, por lo
que tienes que enfocarte en lo que está pasando y en tu estado emocional
como madre, pues la culpa tiende a llenar tu presente de
dudas, emociones negativas y a ser una mala consejera, por la culpa
sobre-proteges a tu hijo, tiendes a no ponerle límites, a perder el
control, a transmitir inseguridad... Ten en cuenta que ninguna decisión cuyo
origen sea la culpa o cuyo destino sea dejar de sentir culpa, suele ser
acertada.
Encontrar un culpable
suele ser un alivio, aunque te culpes a ti misma, ya que es un mecanismo de defensa y combatir esa culpa requiere de una gran cantidad de energía
emocional, de cambios de tu rutina, debes cambiar el "sentirte
culpable" por el "ser responsable"; recuerda que una madre
feliz, consciente de sí misma, conectada con su verdadero ser podrá criar,
guiar, acompañar más y mejor a sus hijos, para ello debemos empezar por
aceptarnos tal y como somos realmente.
Para evitar que la culpa nos
enferme y paralice, es clave tomar el control de nuestra propia
vida, romper ese miedo a lo desconocido, tener confianza en uno mismo y en
lo que estamos haciendo por nuestros hijos, ya que ellos no necesitan
madres perfectas sino madres auténticas, conectadas, capaces de
mostrar su vulnerabilidad, de soltar y avanzar, capaces de caerse y
volverse a levantar. Recuerda que las cosas que tú haces como madre,
las haces con las mejores intenciones, por lo tanto, no eres culpable de nada,
claro que se pueden cometer errores, y es que el desafío de criar, educar
y cuidar a un hijo es extremo, pero es obligatorio levantarse, aprender de los errores
y avanzar. No te límites ni dejes que la culpa te haga sentir mal y te
paralice.
#MadrePower
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